miércoles, 23 de febrero de 2011

Inmersos en la indecencia.

Ahora que estamos presenciando los movimientos en los países árabes, entre el estupor y la esperanza, me pregunto qué está pasando, y si un país como España no cuenta con las mismas premisas para que se produzca una revolución social.
La democracia no es más que una dictadura acotada en el tiempo, vestida de decencia. ¿Qué diferencia hay entre una dictadura como la de Libia y una dictadura como la española? Ambas pretenden lo mismo aunque los medios utilizados son diferentes. Mientras Gadafi utiliza el ejército, en España se utilizan las leyes, a los fiscales, a la policía, los jueces y a los medios de comunicación. Pero el fin que pretenden es el mismo: mantenerse en el poder, enriquecerse y adoctrinar. Algunos pensarán que Gadafi es un genocida porque ha reprimido a sus opositores mediante la violencia, pero ¿no es una absoluta indecencia que nuestros "demócratas" permitan que un partido terrorista, conviviendo día a día con nosotros, asesine a 1000 personas, y se les perdone? ¿Y qué podemos decir de la indecente connivencia entre nuestros "demócratas" para que se asesine a 200 personas y con al ayuda de policías, fiscales, jueces y periodistas, se queira olvidar el asunto?.
Se critica a los gobernantes de los países árabes porque se mantienen en el poder durante 40 años, pero ¿no es eso lo que está ocurriendo en Andalucía? Una región con un 30% de la población activa en paro, con unos "democratas" que piensan que un político pobre es un pobre político, con unos medios de comunicación afines, y que, con la ayuda del Estado al que pertenecen, doblegan a jueces y fiscales mientras se reparten nuestros impuestos en indecentes subvenciones y en indecentes prejubilaciones.
En los países árabes, la chispa ha sido la crisis social y laboral, y el poco futuro que le espera a una generación de jóvenes que no se resigna a ser mero instrumento de la ambición de los que les gobiernan. En España, un paro juvenil del 45%, ¿no es grave?. Sí lo es, pero nuestros "demócratas" sangran a los pocos trabajadores que tienen una nómina, con elevados impuestos, para subvencionar o más bien para "callar" a esta juventud, a la que llevan adoctrinando en la idea de que no hace falta esforzarse para conseguir vivir bien.
En definitiva, indecencia en los políticos, indecencia en los jueces, que no son independientes y "trabajan" para el "demócrata", indecencia en los fiscales, que sólo velan por la persecución de los delitos de los gobernantes del partido contrario, indecencia en los policías, que trabajan para los "demócratas" ocultando pruebas, engañando, "callando".
¿Quién nos queda? Nadie.
¿Qué nos queda? Una nueva revolución social contra las democracias indecentes o más bien contra las silenciosas dictaduras, fomentando otros valores sobre la base de la libertad y el esfuerzo.

2 comentarios:

Juan dijo...

Es lo que tiene la democracia universal, que sin una formación mínima del electorado degenera en demagogia.

Y hablando de Gadafi, ¿Por qué el sindicato de la ceja sí apoya una intervención, y rechazaba la intervención contra Saddam? Cosas veredes, amigo Sancho.

Tuco dijo...

Es el sectarismo institucionalizado de los progres hipócritas.