jueves, 1 de julio de 2010

Bitácora: Costeando por España (3/6/2010).

Les presento a la tripulación en esta ocasión: Carlos el copiloto, Nacho el aeromozo. La idea era tomar contacto con el terreno para poder rodar desde el aire un día de estos toda la ruta del Camino de Santiago y hacer un documental. Lamentablemente en esta ocasión no pudimos, pues el avión con el que íbamos a ir, un Cirrus SR22 turbo, está en taller tras salirnos hace unos días de pista y romper el tren de aterrizaje al caer en una zanja.
A las 15:00 estábamos en casa preparando el plan de vuelo, revisando en detalle qué nubosidad íbamos a tener en el norte de España, y los aeropuertos del camino. Decidimos volar a San Sebastián y dejar para el día siguiente la etapa dura de vuelo.
Nada más llegar a Cuatro Vientos coincidimos con Emilio Botín, a quien nos costó identificar pues en vez de ir con traje y corbata roja llevaba la típica gorra de abuelete y unos pantalones vaqueros. A pesar de no ir "equipado", sí le esperaban guardaspealdas, pilotos, porta equipajes, vamos igual que nosotros.
Fuimos a recoger la documentación del avión, una Cessna 172 matrícula EC-GPR. No nos pudimos hacer con unos cascos para Nacho, por lo que era probable que se durmiera todo el trayecto con el ronroneo del motor. También nos permitiría hablar mal de él e intrigar sin que se enterase de nada. San Sebastián no nos autorizó a aterrizar pues la plataforma estaba llena de aviones y no había sitio para aparcar, así que modificamos el plan de vuelo y decidimos ir a Pamplona con Vitoria como alternativo. Llenamos de combustible el aparato, sistemas y prueba de motor sin incidencias y nos pusimos en marcha, despegando por la pista 28.
El cielo estaba totalmente despejado y nos mantuvimos a 3500 pies hasta el Embalse de Valmayor, donde iniciamos un ascenso escalonado hasta 7500 pies en curso a Guadarrama. Hacía mucho calor y era importante vigilar la temperatura del aceite en el ascenso continuado.l Desde Guadarrama fuimos a Segovia, desde donde contemplamos el acueducto, la catedral y el Alcázar.
Nos desviamos ligeramente hacia Soria, pues Carlos quería ver su casa de Duruelo desde el aire, pero una vez alcanzado el pueblo fuimos directos a Pamplona. Atravesamos el río Duero, la Sierra de la Demanda, y sobrevolamos Santo Domingo de la Calzada. Dejamos a nuestra izquierda Vitoria, sin meternos en su espacio aéreo, alcanzando enseguida el punto W del ATC de Pamplona. Estábamos a 4.000 pies. Iniciamos la aproximación viento en cola izquierda pista 33, fuerte viento cruzado de la derecha y rodeados de montañas. Aterrizamos suavemente.
Nos alojamos en el hotel NH Iruña, y tras un descanso de 5 minutos pusimos rumbo al centro, a tapear y tomar Txacolí. La noche fue divertida, un poco de karaoke en el Negro Zumbón y a bailar en Marengo, con una turbamulta de estudiantes que terminaron sus exámenes este año ya.
A la mañana siguiente fuimos al aeropuerto, y dedicamos casi una hora a revisar con el metereólogo las previsiones del tiempo. No sólo teníamos que tener en cuenta el aterrizaje sino las posibilidades de poder despegar al día siguiente. Nuestro objetivo era llegar a Santiago por la costa, aproximándonos desde las rías altas. Tras muchas deliberaciones, y análisis de pros y contras, decidimos ir a León a comer. Decisión adecuada pues el tiempo en Galicia fue muy malo.
Pero para ir a León, no íbamos a desperdiciar la ocasión de costear por el Cantábrico. Un poco de rodeo pero que valdría la pena, por lo menos para Carlos y para mi, pues Nacho estuvo dormido todo el viaje. Una vez autorizados a despegar por la pista 33, informamos a Torre que nuestra intención era abandonar el ATC por N y poner rumbo a Lasarte para continuar por línea de costa hasta Asturias, donde previsiblemente tendríamos que poner rumbo sur por nubosidad.
Sobrevolamos la costa desde Lasarte, pasando por Getaria, Bermeo, Bilbao, Castro Urdiales y Santander a una altitud de 1000 pies, idoneo para observar el paisaje y la costa desde el mar.
Alcanzando Suances y con los Picos de Europa al fondo, iniciamos desde el mar el ascenso hasta 9500 pies y pusimos rumbo a León. Dejamos los Picos a nuestra derecha (es zona restringida), y una vez librados los montes, iniciamos nuestro descenso hacia León. La torre nos autorizó a ir directo a la cabecera de la pista 23. Viento en calma.
En León hicimos una breve escala para comer en el aeropuerto, en el bar. Coincidimos con un par de franceses que aparcaron el avión en el parking reservado a Air Nostrum. Lo tuvieron que mover a pulso hasta otra zona. Descansamos un rato, y abrimos plan de vuelo a Valladolid, donde Juan nos recogería y nos invitaría a tomar algo en el Club de Golf donde se estaban de competición.
El viaje a Valladolid duró sólo una hora, si bien algo más de lo habitual, puesto que decidimos hacer una pasada por el pueblo donde vive el padre de Carlos, y saludarle con un alabeo.
Al llegar a Valladolid, debiamos de parecer narcotraficantes, pues la Guardia Civil registró nuestro ligero equipaje en busca de drogas o armas (supongo). Realmente sólo registraron a Nacho, que es el que tiene más pinta de mafioso.
La velada en Valladolid fue tranquila, fuimos al mencionado cocktail, nos integramos con los amigos Juan, haciendo gala de nuestro saber estar y buena educación, nos tomamos un drink en el Hoyo 19 y otro más en Simancas.
Estuvimos tomando algo por el centro de la ciudad, y nos fuimos a casa de Juan a dormir. (estábamos bastante cansados por las horas de vuelo).
A la mañana siguiente, Juan nos llevó al aeropuerto y Nacho nos amenazó con que quería ser copiloto en nuestro viaje de regreso a Madrid. Villanubla estaba muy animado, un vuelo de Ryanair y otro a TelAviv. Tras broncas con los pasajeros por colarnos, broncas con la Guardia Civil porque nuestro equipaje tenía líquidos en abundancia, y tras aporrear el cristal de la zona de embarque para que alguien nos dejase entrar en la plataforma, (imaginaos la mirada atónita de los israelitas), pudimos acceder al avión. La plataforma estaba llena de perros, soldados, policías. No era por nosotros, a pesar del registro del día anterior. Tardamos bastante en repostar pues dos aviones comerciales en Villanubla y uno de ellos israelita colapsa los servicios de combustible.
Tras la revisión, aprobación del delay de nuestro plan de vuelo que nos caducó y ya autorizados a rodar, despegamos rumbo a Cuatro Vientos. Eran als 12:00 de la mañana. El día era soleado, con viento calma, y nos quedaba una horita para finalizar el periplo.
La aproximación a Madrid fue bastante divertida pues estaban de prácticas los aviones históricos de la Fundación Infante de Orleans. Pudimos verles en formación, aterrizando, molestando, exigiendo.... Aterrizamos por la 28, y alcanzamos nuestro objetivo de pasar 2 buenos días volando. Fuimos a casa conde nos recibió el comité de bienvenida con una estupenda comida, y todo ello con la sensación de haber desconectado y haber vuelto de unas largas vacaciones, aunque tan sólo fueron dos días.

2 comentarios:

C3 dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
C3 dijo...

Todo genial Kommander, el protocolo de vuelo has demostrado dominarlo como para que no tengas ya complejo en llevar galones y camisa blanca (así te tendrían más consideración los de la benemérita y prosegures). Echo de menos "Esta cobardía" (Chiquetete) en Pamplona, que me resultó más difícill de improvisar en el karaoke que lo de aparentar ser un copiloto experimentado en tus despegues y aterrizajes. Inolvidable la vista de águila de la Costa Verde (con flota de altura en plena navegación) y la dificultad de sobrevolar los Picos de Europa nevados por su proximidad al mar (son preciosos desde el aire). Juan fue como casi siempre un entrañable amgo recibiéndonos en Valladolid a salto de mata... Nacho durmio bastante pero creo que en su fuero interno (no ha hecho aún comentarios) le gustó tanto como a nosotros la experiencia de volar con la musiquilla de fondo del "Charlie-Romeo... Afirma y Negativo"... Ah, y lo del entrecomillado de nuestro gesto en la foto también fue un buen puntazo de la juventud pamplonica...Hasta la próxima...