Voy a dedicar un párrafo a mis amigos, y no podría empezar esta dedicatoria sin antes lanzarles una pregunta: ¿qué tienen en común un guante, el IVA, el viento, la prima, el SPA, la cooperativa y la paella?
De lo mencionado, y de las evocaciones que esas palabras pudieran producir en el grupo de amigos, ninguna alcanzará el nivel de la del "guante", palabra que por si sola merece un comentario y artículo independiente. Y concretando un poco más: "guante de cocina", sí, de esos de plástico, que por lo visto produce menos alergia que el latex.
Algunas palabras hablan de excusas, otras de ambiente, otras de relaciones, y por supuesto otras de la más absoluta perversión.
El fin de semana empezó bien y acabó bien y sobre todo acabó "ordenado". No hubo necesidad de planificar, pues todos sabíamos cuál era el guión. Sólo hubo un momento de crisis: ¿había algo de comer antes de la paella?.
Hubo detalles de maduración, la edad contribuye a este aspecto; bueno eso parecía al principio, hasta que apareció el efecto prima.
Se sustituyeron grandes tradiciones por otras más relajantes, pero no fue ni planificado ni fruto de un deseo excesivo de relax, sino de la idea de regalar unos dados para jugar al mentiroso que no servían ni para jugar al parchís, pues faltaba el tablero y el cubilete, y ya puestos sobraba un dado.
La comida estupenda (no es la frase de La Boheme "La comedia estupenda"), pues se logró combinar la dificultad de cocinar con fuego al aire libre con vientos de 100 Km/h con calidad y sobre todo cantidad.
Las noches fueron larguísimas, recordando aquellos tiempos de estudiante, la primera noche porque teníamos fuerza y la segunda por la aparición de la prima, que obró milagros sobre el espíritu de alguno.
Mención especial para Nacho, irreconocible por su madurez y templanza. Estuvo desconocido, él sí ha madurado, creo. El alcohol no le transformó.
Pero, ¿qué me dicen del guante?